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Jesús Guridi Bidaola

(1886-1961)

 

                               Consolidación en Bilbao (1908-1939)

A los 22 años Guridi regresa definitivamente a Bilbao iniciando una nueva etapa como compositor, director, organista y profesor. Como compositor centra gran parte de su actividad en la música escénica y la música coral. Así, tras el éxito del estreno de Así cantan los chicos (1909), -una de sus primeras obras a destacar, donde muestra su capacidad en el tratamiento de la canción popular-, Guridi se prepara para dar el salto hacia la consolidación de su carrera musical.

Ópera vasca y zarzuela

En 1909 la Sociedad Coral de Bilbao estrena con éxito la ópera Maitena de Charles Colin y decide impulsar con fuerza la creación de obras escénicas vascas sobre nuevas bases creativas musicales y literarias. Gracias a los encargos de la institución nacen Mendi-Mendiyan de José María Usandizaga, Lide ta Ixidor de Santos Inchausti y Mirentxu de Guridi, dando paso a los mejores años del arte lírico vasco que culminan con la ópera Amaya en 1920 .

Durante los meses de 1909 en que Guridi y Usandizaga trabajan en la composición de sus encargos, los dos músicos retoman e intensifican su relación.

Tras seis meses de trabajo, el 31 de mayo de 1910 Guridi estrena en el Teatro de los Campos Elíseos de Bilbao su primera obra dramática: Mirentxu, zarzuela en dos actos con libreto de Alfredo Echave, dedicada al Conde de Zubiría. Es interpretada por la Sociedad Coral y una orquesta formada por músicos de Bilbao, bajo la dirección del propio Guridi, y con decorados de Eloy Garay realizados sobre bocetos de A. Arteta.

La obra trata de la desafortunada historia de amor de la protagonista Mirentxu y se sitúa en un ambiente tradicional vasco. Musicalmente se basa en la selección de melodías populares vascas, tomando posiblemente como modelos las obras de nacionalistas rusos y bohemios del siglo XIX.

Mirentxu (preludio)

 

La partitura original sufre diversas modificaciones en 1912, 1934, 1947 (primera versión íntegramente en euskera) y 1967. En 1913 Mirentxu llega con éxito a Barcelona y dos años después a Madrid, ciudades donde tanto el público como la crítica acogen la obra con elogios. Para Arozamena es la obra más pura, espontánea y personal de Guridi, aunque otros autores critican la ingenuidad del texto o la escasa ambición musical de la obra.

Tras el éxito de Mirentxu, Guridi pronto se centra en la composición de su siguiente ópera en la que trabaja durante 10 largos años. La esperada Amaya, -con libreto de José María Arroita Jáuregui-, se presenta al público bilbaíno en el Coliseo Albia el 22 de mayo de 1920. La obra se basa en la novela histórica Amaya o los vascos en el siglo VIII de Francisco Navarro Villoslada, publicada en 1879. Se trata de un trabajo más personal y elaborado que Mirentxu, y en el que se observa un notable cambio estético desde el punto de vista musical y dramático, en relación al tema, las proporciones, la instrumentación, el tratamiento de los personajes y otros aspectos musicales.

Se estrena en el Teatro Real de Madrid (1923), así como en Buenos Aires (1930) y en el Teatro Nacional de Praga (1941, en checo). Citemos asimismo la versión cinematográfica producida por Ulargui Films (1952), así como diversos arreglos de fragmentos de la obra realizados por Guridi para distintas formaciones.

Con Amaya la ópera vasca alcanza su máximo esplendor, dando término a la década dorada de la lírica vasca. Según Tomás Marco, es una de las mejores óperas españolas del siglo XX.

Amaya

 

En 1926 se estrena en Madrid otra de las principales obras del compositor vitoriano, la zarzuela El caserío. Con letra de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw, es acogida con elogios por el público y los críticos de periódicos como El Sol, El Debate, La Libertad, La Época o La Nación. A partir de este momento, Guridi centra su atención en este género que ofrece mayores posibilidades de ingresos económicos y representaciones, aunque las siguientes obras no consiguen tanto éxito como El Caserío. A lo largo de los siguientes años de esta época bilbaína Guridi compone las siguientes zarzuelas: La meiga (1928), La cautiva (1931), Mandolinata (1934), Mari-Eli (1936) y La bengala (1938). 

La Sociedad Coral de Bilbao. Música coral

Poco después del éxito de Mirentxu, en 1912 Guridi asume la dirección de la Sociedad Coral de Bilbao, constituida en 1886. Sucede a los primeros directores de la agrupación, Cleto Zabala y Aureliano Valle. Durante algunos años, Guridi había ocupado el puesto de co-director ayudando al maestro Valle en la elección y preparación de las obras.

La formación y personalidad de Guridi influyen en la orientación del coro, que comienza una de sus etapas más gloriosas. A lo largo de los 17 años que dirige la agrupación, la coral estrena gran parte de las obras corales del compositor, cosechando numerosos éxitos en conciertos y representaciones líricas. El repertorio de la coral se enriquece con obras de diversos géneros de otros compositores vascos, así como con autores españoles e internacionales: obras para orfeón y concursos, música religiosa (Nicolás Ledesma, Vicente Goicoechea, Almandoz, etc.), cantos populares armonizados, obras sinfónico-corales (C. Franck, J. Brahms, L. van Beethoven, J.S. Bach o R. Wagner) y obras de teatro lírico (J.M. Usandizaga, Charles Colin, Santos Inchausti, José Power, etc.).

Con Guridi la coral difunde un repertorio de calidad y se da a conocer a nivel estatal, actuando en ciudades como San Sebastián, Vitoria, Barcelona, Santander, Burgos, Oviedo, Sevilla y, por supuesto, Madrid. Su novia Julia Ispizua era integrante de la Sociedad Coral de Bilbao y estudiante de piano, y en 1922 contraen matrimonio en Lezo. 

Durante estos años compone gran parte de sus obras para coro, tanto música religiosa como profana, donde destacan las armonizaciones de canciones populares vascas como Boga, boga (1913), Goiko mendijan (1919) o Oñazez (1923). Entre 1913 y 1923 publica las tres series de la colección Cantos Populares Vascos que incluye piezas como Iru Errege, Txori Urretxindorra, Aldapeko, Akerra ikusi degu o Ator, ator mutil. En 1922 compone Eusko Irudiak (Cuadros vascos) para coro y orquesta.

Cuadros Vascos

Dentro del género religioso, junto a piezas como Tantum ergo (1915), Salve popular (1916) y Anima Christi (1919) para coro y órgano, compone Misa de Requiem (1921) y Misa en honor a San Ignacio de Loyola (1922), esta última basada en la popular Marcha de San Ignacio.

Al frente de la coral, Guridi estrena e interpreta muchas de estas composiciones. María Nagore nos ofrece en su monografía La revolución coral: estudio sobre la Sociedad Coral de Bilbao y el movimiento coral europeo una detallada relación del repertorio de la coral entre 1886 y 1936, donde observamos el tipo de obras, los compositores o el número de veces que dichas obras fueron interpretadas por la agrupación.

Organista de la Basílica de Santiago y profesor del Conservatorio Vizcaíno

Al tiempo que continúa su actividad al frente de la Sociedad Coral, en 1915 Guridi es nombrado organista de la parroquia de los Santos Juanes de Bilbao. Ese mismo año Guridi recibe su primer homenaje en Gasteiz y en octubre fallece su amigo José María Usandizaga, con quien mantuvo una estrecha relación durante años. Durante el verano de 1916, Guridi tiene un importante papel en el descubrimiento y reconocimiento oficial de la cueva de Santimamiñe en Cortézubi (Bizkaia).

Dos años más tarde, el 22 de marzo de 1918, Guridi sustituye a Eduardo Gorosarri en la organistía de la Basílica bilbaína de Santiago, donde habían prestado sus servicios su bisabuelo Nicolás Ledesma y su abuelo Luis Bidaola. Tras su nombramiento, pronto solicita la reparación del órgano Ibach construido en 1890, concediendo la obra al organero Meltzer. Guridi era un excelente organista y un buen improvisador, y la estrecha relación con el órgano continuará a lo largo de su vida. Cristiano convencido, presta sus servicios en la Basílica de Santiago durante 20 años, con las ideas claras sobre el papel del órgano en la liturgia y plenamente identificado con la reforma de la música religiosa del “Motu Proprio” de Pío X.

La faceta de organista de Guridi no se limita a su labor en la Basílica, ya que desde su llegada a Bilbao ofrece recitales y conciertos en distintas ciudades. Cabe destacar su participación en los conciertos del Segundo Congreso de Música Religiosa en Sevilla (1908), los conciertos organizados por la sociedad Elizagaray de Azpeitia junto con Bernardo Gabiola y Martín Rodríguez (1915-1916), sus actuaciones en el Seminario de Comillas (1918-1919), así como los conciertos ofrecidos en Santiago de Compostela, Eibar, Bermeo o Madrid. Durante estos años estrena también diversos órganos en Limpias (Santander), Plencia, Seminario de Comillas, etc. Su repertorio incluye obras de J.S. Bach, C. Franck, C. Saint-Saëns, etc., junto a obras propias.

La diversidad de actividades musicales, que Guridi desarrolla en esta etapa de su vida, se completa con el trabajo en el ámbito docente. Junto con sus amigos de la Sociedad Filarmónica había participado en la transformación de la Academia de Música en el Conservatorio Vizcaíno de Música y en 1927 ingresa en ella como profesor de órgano y armonía, iniciando una labor docente que continuará más tarde en el Real Conservatorio Superior de Madrid.

 

 

 

 

Otros géneros: música orquestal y música de cámara

Desde el principio de su carrera como compositor Guridi abarca diversos géneros musicales y en esta etapa bilbaína, además de las obras líricas y corales citadas anteriormente, compone también música para orquesta, música de cámara, así como obras para instrumentos como  piano y órgano, entre otros.

En 1915 Guridi compone sus primeras obras sinfónicas de envergadura: Leyenda vasca y, sobre todo, Una Aventura de Don Quijote. La primera es un poema sinfónico inspirado en melodías populares vascas, estrenada el mismo año en Bilbao por la Orquesta Sinfónica de Barcelona bajo la dirección de L. de Grignon. Con Aventura de Don Quijote, Guridi muestra sus dotes como sinfonista y su dominio en el manejo de la orquesta. Este poema sinfónico se basa en los capítulos VIII y IX de Don Quijote de la Mancha de Cervantes, en los capítulos de la Batalla del gallardo vizcaíno, y en la de Don Sancho de Azpeitia y el valiente manchego, respectivamente. Obtuvo el segundo premio del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1916.

Una aventura de Don Quijote

Continuando con la música orquestal, compone en 1923 Suite de Amaya y, más tarde, En un barco fenicio (1925), obra inspirada en Aventuras del joven Telémaco de François Fénelon, estrenada dos años más tarde por la Orquesta Filarmónica de Madrid. Según Salazar, estas obras sinfónicas anteriores a la Guerra Civil, “muestran un criterio oscilante entre la propia expresión regional y las escuelas europeas”.

Entre las obras para voz y piano, destacan las Veintidós canciones del folklore vasco, así como las dos series de Euzkal abestijak (1908-1913), que fueron publicadas en 1915 y 1916 por Juventud Vasca de Bilbao. Esta obra recoge canciones recopiladas por Guridi y Udalaitz, seudónimo de José Antonio de Donostia.

Dentro de la música de cámara, en esta época compuso el Cuarteto núm. 1º en sol mayor (1933), uno de los dos cuartetos de cuerda que incluye el catálogo del compositor. Consta de cuatro movimientos y fue estrenado en 1934 en Bilbao por el Cuarteto Pro Arte de Bruselas.

Compuso además, diversas piezas para piano y varias obras para órgano, entre ellas, Villancico (1915), dedicada al P. Nemesio Otaño, y Fantasía (1917), en esta ocasión dedicada a Bernardo Gabiola.

 


Jesus Guridi

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